Posteado por: ehdt | 07/06/2009

Evolución del Turismo

Turismo en la Edad Antigua I: Neolítico, Mesopotamia y Egipto

Neolítico (7000 A.C. – 4000 A.C.)

Ésta época de la historia se caracterizó, como ya he mencionado, al desplazamiento de personas en búsqueda de alimentos y de aquellos lugares que pudieran brindarles las condiciones necesarias para sobrevivir en un mundo hostil.
Los pobladores del neolítico basaron su economía en la domesticación de animales y plantas, sin embargo, la falta de textiles, metales, alcohol e inclusive alimentos los llevó a la búsqueda de sociedades cercanas con las cuales comerciar sus productos. Es así como nace el comercio, y es así también el nacimiento de los “viajes de negocios”.

Mesopotamia (3500 A.C. – 650 A.C.)

Las primeras ciudades surgieron con los asirios, en la zona geográfica ubicada entre los ríos Eúfrates y Tigris, en la actual Iraq. Ya en éstas nacientes sociedades existían clases sociales: los grandes sacerdotes, artesanos y mercaderes, arrendatarios de tierras y esclavos. La simple existencia de esclavos señala que existía una clase social que no necesitaba trabajar y que tenía tiempo libre o de ocio. A los sumerios les debemos la existencia de la rueda, del arado, del barco de vela y de la invención del dinero. Sin embargo su mayor aporte a los viajes fue la construcción de carreteras, que estaban pavimentadas con piedra y arcilla, y que conectaban las principales ciudades del pequeño imperio. Además éstas eran el eje central de su economía, ya que ésta sociedad necesitaba comerciar con otras ciudades para el intercambio de productos.

Si bien es cierto los principales viajes que se realizaron fueron con fines comerciales, tampoco faltaron aquellos por placer. El rey de Babilonia, Hammurabi, realizaba viajes para visitar las ciudades de su imperio, y para asistir a importantes ceremonias religiosas y fiestas. He aquí el nacimiento del turismo religioso. En esos tiempos la hospitalidad era una expresión de humanidad. Los usos y costumbres protegían a los viajeros, y en ocasionan se convertían en leyes, como en el CÓDIGO DE HAMMURABI, donde se encuentran referencias a la seguridad de los viajeros:

“La hospitalidad es la forma simple y primitiva de la protección. Con respecto a ella, por mucho que nos remontemos en las edades, aún antes de la separación de los pueblos, encuéntrasela de una manera evidente, el hecho está probado por la identidad de la expresión y de su noción en las lenguas latina, griega y eslava. La palabra latina ‘hostis’ (en el sentido primitivo), la gótica ‘gasts’ y la eslava ‘gosti’ designan al extranjero por la hospitalidad.”

Egipto (3000 A.C. – 332 A.C.)

Los primeros viajes que pueden ser comparables al turismo tuvieron lugar en Egipto, meca de los viajeros y comerciantes de aquella época que se desplazaban con la finalidad de presentarse al faraón o a observar las monumentales pirámides de ese reino u otras maravillas de la construcción egipcia. Muchos de estos monumentos llevaban más de mil años en ese lugar y constituían un fuerte atractivo para la gente poderosa de aquél entonces. Además quedaron diferentes rutas establecidas por los comerciantes, como la Ruta del Nilo y la Ruta del Mar Rojo.

El primer viaje que quedó registrado en la historia fue el organizado por la reina HATSHEPSET, la cual fue la sucesora de su esposo, el faraón Tutmosis II. Hacia el 1500 A.C. la reina realizó una magnífica construcción de un templo-sepultura en Tebas: el Deir-al-Bahari. Es aquí donde quedaron registrados los viajes que la reina Hatshepset realizó a la región de Punt (actual Somalia o Yemen) en búsqueda del árbol del incienso.

A partir del siglo VII A.C. Egipto pasó a manos de los asirios, babilonios, y finalmente griegos. Es en ésta época cuando el faraón Necao realizó una de las más grandes proezas: circunnavegar África en tres años, demostrando así que todo el continente estaba rodeado por agua, salvo un corto trecho.

Fueron necesarios dos milenios para que el hombre occidental repitiera tal hazaña, cuando Juan II, rey de Portugal, permitió la salida de barcos bien armados para dicha expedición.

La Edad Antigua abarca el período transcurrido entre el nacimiento de las primeras civilizaciones hasta el año 476 D.C. con la caída del Imperio Romano de Occidente.

Turismo en la Edad Antigua II: Grecia

Podemos decir que en la Grecia Antigua se daba mucha importancia al ocio, tanto así que su tiempo libre lo dedicaban a la cultura, a la religión y a los deportes. Prueba de ello era el gran desplazamiento de personas que se producía debido a la realización de los JUEGOS OLÍMPICOS (celebrados en la ciudad de Olimpia cada 4 años) y a las peregrinaciones religiosas a los santuarios de Dódona y Delfos (llamado Apolo Pitio). Éste último era el templo más célebre de su cultura. Los griegos introdujeron importantes modificaciones en la vida cotidiana que favorecieron los viajes por el respeto con que se trataba a los viajeros.

En Grecia, cuando la persona no estaba protegida por las leyes, la hospitalidad era un deber fundamental y sagrado. Los extranjeros llegados para las fiestas religiosas o los miembros de una colonia que mantenía lazos con la metrópoli que la habían fundado eran albergados con una alegría espontánea. Luego, a medida que el derecho público se perfeccionó, la hospitalidad entró en las leyes de las ciudades griegas. Un huésped invitado tenía siempre el privilegio de extender la invitación a otro, aunque éste no fuera más que conocido suyo.

Cuando los viajes se hicieron más seguidos, en los caminos comenzaron a establecerse algunos albergues que daban alimento y abrigo a los viajeros. En ocasiones se construía junto a algunos templos principales, un “pandokeimon”, albergue destinado a los peregrinos que se alojaban allí gratuitamente. Entre los grandes viajes que se realizaron de forma individual se cuentan los de los geógrafos e historiadores Hecateo de Mileto y Herodoto de Halicarnaso, quienes fueron los grandes viajeros de la antigüedad. Éste último fue el que recopiló y eligió a las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

Los festivales más difundidos y exitosos del mundo griego eran unas fiestas llamadas Dionisias, por estar dedicadas a Dionisio, dios de la vid y del vino. A éstas celebraciones acudían visitantes de todo el Ática, y aún de las colonias y ciudades aliadas. El día principal de la fiesta se liberaba a muchos esclavos y se permitía que el resto de la población se divirtiera

Turismo en la Edad Antigua III: Roma

La sociedad romana estaba dividida en tres clases: los patricios o nobles, los plebeyos y los esclavos, como símbolo de patrimonio.

La época de la república (s. V – 27 a. C) contaba con la misma división y su sistema político se basaba en el Senado de unos 300 miembros normalmente patricios, aunque en algunos casos se aceptaron plebeyos. Fue esta época la de máxima expansión llegando a conquistar Grecia, Galia e Hispania y tomando el relevo sobre la supremacía del Mediterráneo al ganar las Guerras Púnicas contra Cártago. Más adelante Roma caería en una profunda crisis política y la consecuente guerra civil, obligando a Julio César a crear el triunvirato. El 15 de mayo del 49 a. C moriría a manos de Bruto y otros conspiradores, dando paso casi inmediatamente a Imperio.

Durante el imperio (27 a. C – 476 d. C) desaparece el Senado y comienza en Roma una etapa de absolutismo, donde el emperador era elegido por el ejército. Con Octavio Augusto se consigue la Paz Romana que duraría dos siglos, siendo ésta la edad de oro del turismo romano

El imperio estaba dividido en provincias que a su vez estaban dividas en municipios. Cada municipio contaba con servicios para el disfrute público y el entretenimiento, que en muchos casos eran lo suficientemente atractivos como para atraer a visitantes. Entre muchos otros destacaban los foros, plazas, templos, basílicas, tiendas y teatros.

Todas las provincias se comunicaban por una amplia red de carreteras, vías y calzadas, que se empezaron a construir hacia 150 a. C llegando a cubrir unos 160.000 km. Iban alrededor del imperio abarcando desde Escocia y Alemania hasta Egipto, Persia y lo que hoy se conoce como Kuwait. Estaban señalizados por mojones que indicaban la distancia hasta la próxima ciudad, el nombre de la calzada, su fecha de construcción y su autor. Cada 15 – 20 km. había unas postas donde los viajeros podían cambiar sus caballos cansados, realizar algunas preguntas y comer.

Fue muy importante para la economía romana el comercio, que era desempeñado sobre todo por los libertos y los plebeyos, y que no hubiera podido ser posible sin las vías que unían todo el imperio. El comercio marítimo se desarrolló a través del Mediterráneo, del Mar Rojo y en parte del Atlántico en las llamadas “flotas comerciales”. Los puertos más importantes eran los de Alejandría y Ostia.

El pueblo romano fue el primero en realizar lo que hoy en día entendemos por turismo, es decir, un viaje (en la mayoría de los casos por placer) que incluye un desplazamiento pernoctando mínimo una noche y con menos de un año de duración a un lugar de destino, realizado, por supuesto, en tiempo libre y/o de ocio.

Disponían de muchísimo tiempo libre, llegando a tener 200 días festivos al año (en el 345 d. C), aunque casi siempre este turismo lo practicaban los nobles., los cuales viajaban para ver los templos del Mediterráneo, las pirámides y monumentos de Egipto, asistir a las Olimpiadas de Grecia y los mercados de Asia Menor. En muchos casos contrataban guías locales y solían comprar papiros que explicaban cierta área y sus posibilidades de entrenamiento. También adquirían souvenirs y tenían tendencia a grabar su nombre en las piedras de los monumentos que visitaban, como una especie de grafiti “a la romana”.

Los viajes se realizaban básicamente por tres razones: por placer, por negocios o por salud. El turismo religioso y las peregrinaciones a los templos pasaron a formar parte de cualquier itinerario mínimamente culto, y dejaron de ser lugares de rezo para convertirse en monumentos dignos de visitar. Durante el reinado del emperador Caracalla se construyeron las famosas termas de Caracalla, unos baños públicos que contaban con salas de vapor (saunas), piscinas, salas de gimnasia, de reposo, de masaje, e incluso bibliotecas y jardines. A lo largo de todo el imperio se fueron construyendo otros complejos termales.

A los romanos también les gustaba la idea de pasar unos días de tranquilidad alejados de la ciudad y solían desplazarse a la costa de Campania, por la zona de Baias. Pasaban mucho tiempo disfrutando del buen clima, del agua medicinal de la playa y de sus aguas termales. En el golfo de Nápoles crearon residencias aptas para pasar unas vacaciones. Se crearon otras infraestructuras necesarias para el desarrollo del turismo, tales como posadas, restaurantes barcos de pasajeros, pues la demanda de viajes aumentó, sobre todo durante la Paz Romana. Era común entre los nobles la tendencia al agro-residencialismo, es decir, a adquirir casas de campo y convertirlas en su segunda residencia. Los emperadores solían construirse villas como Villa Tívoli.

Durante la época del imperio se construyeron numerosos circos e hipódromos con el propósito de entretener a los ciudadanos. Cada vez fueron más comunes los combates de gladiadores, los espectáculos donde intervenían leones y las carreras de cuádrigas. Era la táctica del “pan y circo” ideada por los emperadores romanos para mantener a la plebe interesada por los juegos y la comida, y no por los asuntos de estado.

Destacan los viajes de Alejandro Magno y Heredoto, así como las obras clásicas La Eneida y La Odisea por sus referencias al paisaje, las culturas de la época y las características de los viajes realizados.

La caída del imperio romano en 476 d. C supuso el fin de casi trece siglos de cultura, unidad y turismo europeo. La decadencia en la que el imperio se había sumido en el último siglo (s. IV d. C) terminó por dar paso a la era de los reinos Germánicos en Europa, al Imperio Bizantino en Asia Menor y al Islamismo en Arabia, el norte de África y la Península Ibérica.

Turismo en la Edad Media I: Grandes cambios en la sociedad, Alta Edad Media

La caída del Imperio Romano sumió al continente Europeo en un período de confusión y desorden. En éste asistió a la agonía y muerte del mundo romano y al alumbramiento de una nueva civilización que se inició con las grandes invasiones que soportó Europa, con su secuela inevitable de pillaje y matanzas. Durante un tiempo también reinó un estado de guerra casi permanente entre los jefes bárbaros, lo que contribuyó al debilitamiento de toda forma de poder central.

También se produjo una distribución espacial de la población diferente de la conocida anteriormente: hasta la caída del Imperio Romano, el mar Mediterráneo concentraba la vida del mundo antiguo, y la vía marítima facilitaba el comercio y los viajes en general, de lo que resultaban contactos relativamente intensos entre los pueblos. En la era medieval, en cambio, se generó una ruptura entre Oriente y Occidente, y en éste la civilización ya no se limitó al sur de Europa sino que se extendió hacia el norte, hasta incluir Normandía y las Islas Británicas.

El tránsito de la cultura antigua a la medieval, que tuvo lugar a lo largo de los cinco siglos del período conocido como la Alta Edad Media, se realizó de forma gradual y casi imperceptible. La economía, la organización social y el arte romanos decayeron paulatinamente pero en forma inevitable, y una de sus consecuencias fue el traslado de la población a zonas rurales; durante esa época la estructura económica se caracterizó por el predominio de la agricultura y el latifundio, donde sólo la posesión de tierra confería riqueza y poder.

Se abandonó la mayoría de las costumbres hedonistas de los romanos, entre ellas la práctica del termalismo. Las únicas fuentes termales que se siguieron explotando fueron aquellas donde se habían instalado abadías o monasterios regentados por religiosos que mantuvieron las instalaciones en condiciones de uso.

Una de las características de la Alta Edad Media fue el carácter sedentario de la población. Esta realidad incluía a todos, desde los señores que se recogían en sus castillos y sólo parían a feudos vecinos en breves excursiones de guerra o pillaje, hasta los siervos, para quienes era imposible todo tipo de viajes. Salvo las actividades peregrinatorias, el hombre del Medioevo no se alejaba jamás de su lugar de residencia, pues el vasallaje y las economías cerradas actuaban como un importante freno para el desplazamiento.

En el Medioevo, la Iglesia tuvo un papel trascendente en todos los aspectos de la vida cotidiana; su acción trascendió lo espiritual para abarcar también lo social, lo cultural y aun los asuntos públicos. Aunque muchos de sus representantes no observaban una conducta apropiada a los ideales materiales de triunfo personal y prosperidad económica del mundo grecolatino la Iglesia intentó oponer una senda de salvación basada en la humildad y la renuncia de los bienes terrenales, con una esperanza basada en la recompensa de la vida eterna. Así, el ideal griego del ocio se trasladó a los monasterios, pues para muchos la esencia de la religión cristiana primitiva consistía en vivir para acercarse a Dios; la acumulación de riqueza o el mismo trabajo para conseguirlas eran considerados pecaminosos.

Cuando la situación política y social se consolidó, apareció un grupo importante constituido por señores, el estamento superior de la sociedad, que adoptó una actitud de ocio exhibicionista, que probaba su liberación de la necesidad de trabajar. El ocio caballero era la expresión de su oposición al trabajo servil, y al ponerlo en evidencia cuantas veces fuera posible reafirmaban su pertenencia a la clase aristocrática. El ocio popular, por su parte, si bien estaba presente, no era libre. Era la actividad de los días de descanso y de fiesta, habitualmente religiosa y relacionada con el santo patrono del lugar o las grandes festividades religiosas, y estaba organizado y controlado por el poder, es decir, el señor y la Iglesia.

La apertura hacia las culturas vecinas que se produjo posibilitó los contactos con Oriente y particularmente con el mundo musulmán. Comenzó una nueva era de relaciones comerciales y de incorporación de avances científicos y técnicos, particularmente por la influencia de la cultura árabe que en esos momentos se manifestaba en su mayor esplendor. Como consecuencia reapareció el comercio y creció el número de artesanos y mercaderes, lo que a su vez realimentó el proceso. El dominio del Mediterráneo permitió el acceso a las materias primas necesarias para incrementar la producción y a su vez un mercado para los productos occidentales. De esta manera se consolidó el poder de Venecia, Génova y Pisa, cuyas naves extendieron su influencia desde la costa española hasta Egipto.

También se experimentaron en el continente mejoras en las comunicaciones: los caminos y las sendas comenzaron a ser recorridos por caballeros y romeros que cumplían sus votos, así como por escolares y estudiosos que se desplazaban de una a otra ciudad en busca de conocimientos o de relaciones con sabios.

Esta actividad marítima y terrestre resultó trascendente, pues preparó el camino para la superación de la cultura medieval y el Renacimiento, además de contribuir con el desarrollo de la mentalidad que haría posible los grandes viajes exploratorios que culminaría con la llegada de los europeos a América.

La Edad Media abarca desde el año 476 D.C. con la caída del Imperio Romano de Occidente y termina en el año 1492 con el descubrimiento de América o en 1453 con la caída del Imperio Romano de Oriente que coincide con la invención de la imprenta.

Turismo en la Edad Media II: Características del Ocio

En la Edad Media se podía encontrar claramente diferentes estamentos sociales con funciones y actividades establecidas. En el nivel superior se encontraban los señores feudales, libre de la necesidad de trabajar ya que controlaba la agricultura y casi todas las formas de producción; los molinos, los bosques, las minas y las forjas. Luego venía el clero, con diferentes características frente al ocio y al trabajo: por una parte se encontraban los dignatarios de la Iglesia, que disputaban a los caballeros privilegiados y gozaban de todos los privilegios y honores, mientras que en el otro extremo se encontraba el monje que vivía en austeridad y sacrificio.

El nivel inferior estaba formado por la clase productora para quienes el trabajo y el ocio estaban regidos por los ciclos de la naturaleza y la Iglesia.

El nacimiento del día indicaba el momento para iniciar las actividades diarias, que duraban mientras durara la luz solar. El sistema productivo medieval incluía dos actividades bien diferenciadas: las actividades agropecuarias y por otro lado una economía municipal corporativa que regulaba gran parte de la producción de bienes durables y era generada por los artesanos.

La propiedad rural era explotada en beneficio del dueño por los campesinos, los cuales permanecían en calidad de siervos del señor para toda la vida. Éstos campesinos no disponían de su tiempo ni de su misma vida, sino que el señor feudal era dueño y amo absoluto de ellos, de sus hijos, de la tierra trabajada, del lugar donde vivían. El siervo no podía dejar la tierra ni casarse fuera del feudo sin el consentimiento del señor. Esta primera restricción le impedía el servicio militar.

El ocio y el trabajo estaban regulados por la duración del día y por las estaciones. Para el campesino el tiempo ocioso no era un sinónimo de pérdida de remuneración. Durante el trabajo se reservaban momentos para la conversación y la recreación. Es en estos momentos donde se escuchaban narraciones de los juglares, y en ocasiones se bailaba y se cantaba. Es con éste ocio que se empieza a tomar conciencia de la condición de vida, así se inició el intercambio de ideas y de conversación espontánea.

Los artesanos gozaban de una de una mejor posición. Éstos vivían en la campaña, donde proveían a los señores todos los instrumentos que requerían para la explotación agropecuaria y la vida cotidiana. Se dedicaban principalmente a la orfebrería y la miniatura. El tejido de paños adquirió una gran importancia y se convirtió en la gran industria de la Edad Media.

Durante la Baja Edad Media, la actividad de los artesanos se trasladó a la ciudad, y los gremios aseguraban una retribución mínima por las tareas que realizaban independientemente. Algunas veces, estos gremios se agrupaban en talleres donde maestros, oficiales y aprendices trabajaban de la misma manera, compartían su comida, sus dificultades, el entretenimiento y las tareas. La duración de la jornada de trabajo variaba según las estaciones y el tipo de tarea que se realizaba, siempre teniendo en cuenta la duración de la luz solar. En algunos gremios se permitía el trabajo nocturno, pero en éste caso el maestros debía acordar con los oficiales y aprendices un pago suplementario. En términos generales, la jornada diaria se extendía desde unas 9 horas en invierno, hasta un máximo de 15 o 16 horas en verano.

La introducción de los relojes en ese momento tiene un significado solo tecnológico: era un síntoma de las grandes transformaciones que generó el Renacimiento y la señal que pronto la luz solar y los ciclos de las estaciones dejarían de regular la actividad humana. El poder que tenía la Iglesia influenciaba a las corporaciones o gremios, cada una de las cuales se ponía bajo protección de un santo y el día de su festividad cada profesión rivalizaba en esplendor con su vecina en los fastos con que se celebraban. Además se confeccionaros estandartes, se paseaban las reliquias y se sacaban en procesión imágenes religiosas. También se celebraba el Carnaval, que era a la vez espectáculo y recreación, de profundo origen popular y universal.

Turismo en la Edad Moderna

Las peregrinaciones continúan durante la Edad Moderna. En Roma mueren 1500 peregrinos a causa de una peste.
Es en este momento cuando aparecen los primeros alojamientos con el nombre de hotel (palabra francesa que designaba los palacios urbanos). Como las grandes personalidades viajaban acompañadas de su séquito (cada vez más numeroso) se hacía imposible alojar a todos en palacio, por lo que se crearon estas construcciones.

Ésta es también la época de las grandes expediciones marítimas de españoles, británicos y portugueses que despiertan la curiosidad y el interés por viajar.

A finales del siglo XVI surge la costumbre de mandar a los jóvenes aristócratas ingleses a hacer el gran-tour al finalizar sus estudios con el fin de complementar su formación y adquirir ciertas experiencias. Era un viaje de larga duración (entre 3 y 5 años) que se hacía por distintos países europeos, y de ahí proceden las palabras: turismo, turista, etc.

El Grand Tour es un viaje motivado por la necesidad de instrucción de estos jóvenes aristócratas que en un futuro habrán de gobernar su país. Del conocimiento “in situ” de la grandeza de Roma, Paris o Atenas así como de los debates en los cafés de los grandes centros termales, los viajeros deberían aprender como llevar las riendas de un Imperio como el británico. Para algunos autores éste es el auténtico fenómeno fundacional del turismo moderno ya que surge como un fenómeno revolucionario en paralelo al resto de transformaciones que se dan en la Ilustración.

También en esta época hay un resurgir de las termas, que habían decaído durante la Edad Media. No sólo se asiste a ellas por consejo médico, sino que también se pone de moda la diversión y el entretenimiento en los centros termales como por ejemplo en Bath (Inglaterra). También de esta época data el descubrimiento de los baños de barro como remedio terapéutico, playas frías (Niza, Costa Azul) a donde iban a tomar los baños por prescripción médica.

Turismo en la Edad Contemporánea

Es posible afirmar que los viajes de placer tuvieron sus inicios en los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX. Grandes cambios en la sociedad, en los estilos de vida, en la industria y la tecnología alteraban la morfología de la comunidad. Hay en la historia momentos de cambios excepcionales y de enorme expansión. El siglo XIX fue testigo de una gran expansión económica, seguida de una revolución industrial y científica incluso mayor en la segunda mitad del siglo XX. El turismo fue uno de los principales beneficiarios, para llegar a ser a finales del siglo XX la mayor industria del mundo.

Con la Revolución Industrial se consolida la burguesía que volverá a disponer de recursos económicos y tiempo libre para viajar. En la Edad Contemporánea el invento de la máquina de vapor supone una reducción espectacular en los transportes, que hasta el momento eran tirados por animales. Las líneas férreas se extienden con gran rapidez por toda Europa y Norteamérica. También el uso del vapor en la navegación reduce el tiempo de los desplazamientos.

Inglaterra ofrece por primera vez travesías transoceánicas y domina el mercado marítimo en la segunda mitad del siglo XIX, lo que favorecerá las corrientes migratorias europeas a América. Es el gran momento del transporte marítimo y las compañías navieras.

Comienza a surgir el turismo de montaña o salud: Se construyen famosos sanatorios y clínicas privadas europeas, muchos de ellos llegan a nuestros días como pequeños hoteles con encanto. Es también la época de las playas frías (Costa azul, Canal de la Mancha,…).

En 1841 Thomas Cook organiza el primer viaje organizado de la historia. Aunque fue un fracaso económico se considera un rotundo éxito en cuanto a precedente del paquete turístico, pues se percató de las enormes posibilidades económicas que podría llegar a tener esta actividad, creando así en 1851 la primera Agencia de Viajes del mundo “Thomas Cook and son”.

En 1867 inventa el bono o voucher, documento que permite la utilización en hoteles de ciertos servicios contratados y prepagados a través de una agencia de viajes.

Henry Wells y William Fargo crearon la agencia de viajes “American Express” que inicialmente se dedicaba al transporte de mercancías y que posteriormente se convierte en una de las agencias más grandes del mundo. Introdujeron sistemas de financiación y emisión de cheques de viaje, como por ejemplo el travel-check (dinero personalizado canjeable por papel moneda de uso corriente que protege al viajero de posibles robos o pérdidas).

Cesar Ritz es considerado padre de la hostelería moderna. Desde muy joven ocupó todos los puestos posibles de un hotel hasta llegar a gerente de uno de los mejores hoteles de su tiempo. Mejoró todos los servicios del hotel, creó la figura del sumiller, introdujo el cuarto de baño en las habitaciones, revolucionó la administración. (Convirtió los hoteles decadentes en los mejores de Europa, por lo que le llamaban “mago”).

Al estallar la Primera Guerra Mundial en el verano de 1914 se considera que había aproximadamente 150.000 turistas americanos en Europa.

Tras finalizar la guerra comenzó la fabricación en masa de autocares y automóviles. En esta época las playas y los ríos se convierten en el centro del turismo en Europa comenzando a adquirir gran importancia el turismo de costa.

El avión, utilizado por minorías en largas distancias, se va desarrollando tímidamente para acabar imponiéndose sobre las compañías navieras.

La crisis del 1929 repercute en el negativamente en el sector turístico limitando su desarrollo hasta bien entrado en 1932.

La Segunda Guerra Mundial paraliza absolutamente el turismo en el mundo y sus efectos se extienden hasta el año 1949.

Entre 1950 y 1973 se comienza a hablar del boom turístico. El turismo internacional crece a un ritmo superior de lo que lo había hecho en toda la historia. Este desarrollo es consecuencia del nuevo orden internacional, la estabilidad social y el desarrollo de la cultura del ocio en el mundo occidental. En esta época se comienza a legislar sobre el sector.

La recuperación económica, especialmente de Alemania y Japón, fue asombrosa elevando los niveles de renta de estos países y haciendo surgir una clase media acomodada que se empieza a interesar por los viajes.

Pero la recuperación elevando el nivel de vida de sectores más importantes de la población de los países occidentales. Surge la llamada sociedad del bienestar en la que una vez cubiertas las necesidades básicas aparece el desarrollo del nivel de formación y el interés por viajar y conocer culturas. Por otra parte la nueva legislación laboral adoptando las vacaciones pagadas, la semana inglesa de 5 días laborales, la reducción de la jornada de 40 horas semanales, la ampliación de las coberturas sociales (jubilación, desempleo,…), potencian en gran medida el desarrollo del ocio y el turismo.

También éstos son los años en los que se desarrollan los grandes núcleos urbanos y se hace evidente la masificación, surge también el deseo de evasión, escapar del estrés de las ciudades y despejar las mentes de presión.

En estos años se desarrolla la producción de autos en cadena que los hace cada vez más asequibles, así como la construcción de carreteras y autopistas, permite un mayor flujo de viajeros. De hecho, la nueva carretera de los Alpes que atraviesa Suiza de Norte a Sur supuso la pérdida de la hegemonía de este país como núcleo receptor, ya que ahora los turistas cruzan Suiza para dirigirse a otros países con mejor clima.

El avión de hélice es sustituido por el de reacción, lo que supone un golpe definitivo para las compañías navieras, que se ven obligadas a destinar sus barcos a los cruceros o al desguace.

Todos estos factores nos llevan a la era de la estandarización del producto turístico. Los grandes tour operadores lanzan al mercado millones de paquetes turísticos idénticos. En la mayoría de los casos se utiliza el vuelo charter, que abarata el producto y lo populariza. Al principio de este período (1950) había 25 millones de turistas, y al finalizar (1973) había 190 millones.

No obstante esta etapa también se caracteriza por la falta de experiencia, lo que implica las siguientes consecuencias como la falta de planificación (se construye sin hacer ninguna previsión ni de la demanda ni de los impactos medioambientales y sociales que se pueden sufrir con la llegada masiva de turistas) y el colonialismo turístico (hay una gran dependencia de los tour operadores extranjeros estadounidenses, británicos y alemanes fundamentalmente).

En los 70 la crisis energética y la consiguiente inflación, especialmente sentida en el transporte ocasionan un nuevo periodo de crisis para la industria turística que se extiende hasta 1978. Esta recesión supone una reducción de la calidad para abaratar costes y precios apostando por una masificación de la oferta y la demanda.

En los 80 el nivel de vida se vuelve a elevar y el turismo se convierte en el motor económico de muchos países. Esto es facilitado por la mejora de los transportes (nuevos y mejores aviones como el Concorde y el Túpolev, trenes de alta velocidad y la consolidación de los vuelos charter, hasta suponer un duro competidor para las compañías regulares que se ven obligadas a crear sus propias filiales charter.

En estos años se produce una internacionalización muy marcada de las grandes empresas hosteleras y de los tour operadores, que buscan nuevas formas de utilización del tiempo libre (parques temáticos, deporte, riesgo, salud) y aplican técnicas de marketing, pues el turista cada vez tiene mayor experiencia y busca nuevos productos y destinos turísticos, lo que crea una fuerte competencia entre ellos. La multimedia y las comunicaciones transforman el sector, modificando el diseño de los productos, la prestación del servicio, la comercialización del mismo de una manera más fluida.

La década de los 90 incluye grandes acontecimientos como la caída de los regímenes comunistas europeos, la Guerra del Golfo, la reunificación alemana, las Guerras yugoslavas, etc., que inciden de forma directa en la historia del turismo.

Se trata de una etapa de madurez del sector que sigue creciendo aunque de una manera más moderada y controlada. Se limita la capacidad receptiva (adecuación de la oferta a la demanda, se empieza a controlar la capacidad de aforo de monumentos, etc.), se diversifica la oferta (nuevos productos y destinos), se diversifica la demanda (aparecen nuevos tipos diferentes de turistas) y se mejora la calidad (al turista no le importa gastar más si la calidad es mejor).

El turismo entra como parte fundamental de la agenda política de numerosos países desarrollando políticas públicas que afectan a la promoción, planificación y comercialización como una pieza clave del desarrollo económico. Se mejora la formación desarrollando planes educativos especializados. El objetivo de alcanzar un desarrollo turístico sostenible mediante la captación de nuevos mercados y la regulación de la estacionalidad.

También las políticas a nivel supranacional consideran el desarrollo turístico con elementos tan importantes como el Tratado de Maastritch en 1992 (libre tráfico de personas y mercancías, ciudadanía europea), y en el 1995 la entrada en vigor Schegen y se eliminan los controles fronterizos en los países de la UE.

Existe de nuevo un abaratamiento de los viajes por vía aérea por medio de las compañías de bajo coste y la liberación de las compañías en muchos países y la feroz competencia de las mismas. Esta liberalización afecta a otros aspectos de los servicios turísticos como la gestión de aeropuertos y sin duda será profundizada cuando entre en vigor la llamada Directiva Bolkestein (de liberalización de servicios) en trámite en el Parlamento Europeo.

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